jueves, 21 de agosto de 2008

Colombinas 2008

La verdad es que ya han pasado unos cuantos días de aquellos dos días de fiesta en los que un servidor se desfondó el primeri día y el segundo tuvo que soportar una pájara de campeonato. Aún así, ese segundo día ocurrieron muchas cosas dignas de mención y de las cuales tenemos algunas fotos.
Para empezar, los impresentables que nos encontrábamos allí esa noche:



















La noche comenzó de manera tranquila frente al muelle del Tinto (del río, no del vino.... (qué humor tengo, por Diosssssssssss)) con el típico botellón veraniego y los canis a nuestro lado que cuando se le hincharon los huevos quisieron tener bronca (no con nosotros, afortunadamente). En ese momento yo me debatía entre un estado de sueño y vigilia y era el primero el que iba ganando a los puntos. Tras unos cuantos litros bebidos, nos dirigimos al lugar donde recordamos a Pancho el de Verano Azul y su amigo rockero loco:



Aquí vemos a Pancho un poco colocado...

















Y aquí a sus nuevas amistades que lo llevan por el mal camino...








Después de bailar y cantar algunos clásicos de Héroes, Europe y Seguridad Social entre otros, nos dirigimos al Rincón Onubense de la Caipirinha, donde, aparte de una cuantas brasileñas cachondas de las que no tenemos fotos (Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh), se encontraba el Kadó que, poniendo en práctica el afamado Manual de Acoso y Derribo (http://www.yonkis.com/literatura/manualacosoyderribo.htm) tiró todos los tejos, ladrillos y piedras mollares que había por allí a la pobre Mari Ángeles, la cual esquivó todas las embestidas como pudo y siempre con mucha mano izquierda.





Momento dramático para Mari Ángeles, pero que a nosotros nos pareció divertido (JAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJA)







Después de unas cuantas embestidas por parte del mihura brasileño, abandonamos el lugar directos hacia casa de MaMaZa, algunos en mejor estado que otros, pero vivos al fin y al cabo.
Tras unas horas de relajante sueño y como colofón final a las fiestas, tuvimos el placer de conocer a la ínclita menina, miembro habitual de eventos sociales.
















Resumiendo, un buen fin de semana.