miércoles, 4 de agosto de 2010

Agosto en Sevilla

Acabo de llegar de mi rotación de dos meses por Madrid de la que me he traído ganas de trabajar, momentos geniales y recuerdos de gente que merece la pena, tanto dentro como fuera del hospital.
Lo que me dejé allí fue mi tolerancia al calor, porque en Madrid hacía calor y los madrileños en cierto modo se eorgullecían de que un sevillano (aunque soy zamorano, y onubense consorte los 3 años en Sevilla han hecho estragos en mi persona) dijera que hacía calor. Eso sí, la última vez que había sufrido el calor de Sevilla fue hace unos 8 meses (ese cumpleaños de Andrés con 33 grados no estuvo mal). La bofetada de calor que recibí cuando bajé del AVE fue tremenda. Después, poco a poco, y con aire en casa y luciendo cuerpo Danone por el piso me he ido aclimatando y la verdad que pasar agosto en Sevilla no está tan mal.
Para empezar, apenas hay tráfico y hay un montón de plazas de aparcamiento (yo, que no tengo coche, me da igual, pero me solidarizo con los que sí tienen).
El ritmo de trabajo del hospital es más lento (a veces, demasiado) y puedes aprovechar para hacer otras cosas aparte de la labor asistencial.
Las guardias suelen ser más tranquilas (no necesariamente, pero esto es probabilidad) porque hay menos gente, por lo menos las mías.
Aunque todavía no lo he probado, seguro que los bares de tapas están más tranquilos y se puede ir al típico bar que siempre está petado (lo malo es que puede que estén de vacaciones).
La cola del Mercadona es más pequeña.

En fin, que no está tan mal pasarse el veranito por aquí!!